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¿Por qué dejo que me pegue?

Por Rocío Toledo
(Extraído de http://www.psicocentro.com/)

En las últimas semanas, todos hemos escuchado en alguna ocasión testimonios y noticias sobre el trato que reciben algunas mujeres por parte de sus parejas. También es verdad de que no siempre este trato es producido exclusivamente por ellos sino también por otros miembros cercanos de su familia.

La palabra maltrato es mencionada por los medios de comunicación como forma de definir una situación en la que la mujer permite durante años vivir completamente sometida a una persona. Cada vez que aparece una mujer asesinada o lesionada en manos de su marido todos nos estremecemos, pero también es verdad que nos preguntamos "por qué deja que le haga eso". Estos pensamientos surgen en más de una ocasión en las personas que actuamos como observadores, expresiones como "yo no permitiría nunca que nadie me diese una bofetada" surgen inmediatamente después de que nos enteramos que se ha producido una nueva agresión de violencia doméstica.

Todos estamos de acuerdo en que, generalmente, la mujer es la víctima y el marido el agresor, pero cuando criticamos a la víctima por haber aguantado esa situación, lo que estamos haciendo es volver a agredirla, la estamos convirtiendo nuevamente en una víctima.

A continuación voy a intentar esbozar brevemente el por qué una mujer, que aparentemente no tiene necesidad alguna de aguantar estas situaciones, lo hace. En ello han influido diferentes factores: el entorno familiar en el que la mujer creció, el nivel de autoestima que posea, el apoyo familiar que recibe, la percepción que tenga de las relaciones de pareja y la sociedad en la que viva.

Intento que comprendamos a las víctimas de agresiones domésticas, que las apoyemos y que no les exijamos conductas y actitudes que bien no han aprendido o que no las saben aplicar.

Si nos fijamos bien, este tipo de agresiones van asociadas a las relaciones amorosas por lo que la forma en que ellas perciben este tipo de relaciones es diferente a otras mujeres. La víctima percibe las relaciones como amor romántico. El amor romántico se ha inculcado en la educación de las niñas, las adolescentes y las mujeres en general. Desde las telenovelas pasando por los millones de novelitas "rosas" siempre encontramos la misma estructura: conquista, amor deslumbrante, apasionada entrega interrumpida por terribles desencuentros, malentendidos, obstáculos de todo tipo, impedimentos gravísimos y, después de grandes sacrificios y transformaciones, llega el final, donde todo se aclara y se encamina a una gloriosa felicidad. Las ideas acerca de este tipo de amor que nos han inculcado se caracterizan por:

- La entrega total.

- Hacer del otro lo único y fundamental de la existencia.

- Vivir experiencias muy intensas de felicidad o de sufrimiento.

- Depender del otro y adaptarse a él, postergando lo propio.

- Perdonar y justificar todo en nombre del amor.

- Consagrarse al bienestar del otro.

- Estar todo el tiempo con él.

- Pensar que es imposible volver a amar con esa intensidad.

- Desesperar ante la sola idea de que el cónyuge se vaya.

- Sentir que nada vale tanto como esa relación.

- Pensar todo el tiempo en el otro, hasta el punto de no poder trabajar, estudiar, comer, dormir o prestar atención a otras personas "no tan importantes".

- Prestar atención y vigilar cualquier señal o signo de altibajos en el amor o el interés del otro.

- Idealizar a la otra persona, no aceptando la existencia de ningún defecto.

- Sentir que cualquier sacrificio es poco si se hace por amor al otro.

A esta forma de concebir el amor, le sumamos una autoestima baja o desvalorización. Muchas circunstancias familiares responden a un contexto social estructurado a partir de la inferioridad y marginalidad de la figura femenina. Se establece un círculo vicioso en el que las experiencias negativas vividas en la familia se intensificarán por los factores sociales y culturales que establecen la discriminación de la mujer. La familia es un pilar fundamental en el fortalecimiento de la autoestima en cualquier niño. Si la familia no ayuda al niño a que desarrolle adecuadamente su personalidad, y que no crezca creyendo en él mismo; cuando el niño/a sea adulta irá arrastrando el sentimiento de inferioridad ante los demás y justificará positivamente las acciones de los demás hacia él/ella.

Esta forma de menoscabo de la propia persona se encuentra incorporada a la personalidad como secuela de la crianza, propiciada por un contexto social en el que la mujer ocupa un lugar secundario. A todo esto, como hemos comentado anteriormente, se agrega el concepto de amor romántico, con su carga de altruismo, sacrificio, abnegación y entrega, que se les enseña a las mujeres desde que nacen a través de múltiples canales por los que se filtra la cultura vigente. Algunas de las vivencias de una mujer de baja autoestima son:

- Se siente inferior y cree que los demás son más inteligentes, más capaces o tienen más suerte.

- Se compara siempre de manera negativa con los otros.

- Se siente perdida, abandonada e inútil aunque obtenga elogios, premios y títulos.

- Se tiene desprecio y duda siempre de sí misma.

- Cree que no puede bastarse a sí misma y que nadie le prestará atención, ni le dará trabajo ni la oportunidad que necesita.

- Se siente insignificante, fea, frágil, desvalida, defectuosa, muy gorda o muy flaca, pero siempre mal.

- No se cree digna de que la amen y la acepten tal cual es.

- Aunque triunfe, siente que está engañando a la gente y que en cualquier momento descubrirán que no sabe nada o no sirve para nada.

- Admite todas las críticas y los rechazos que recibe como si los mereciera o fueran todos justos.

- Se retrae, se paraliza y se queda "en blanco", sin conseguir expresarse en las situaciones en que se siente examinada o enjuiciada.

- No se atreve a reclamar lo suyo, ni a defender sus derechos y necesidades.

- Creer que todos la miran y están pendientes de lo que hace o que pueden adivinar sus pensamientos.

- Se siente vacía y sola.

- Siempre escucha a los demás, pero no tiene con quién hablar de sí misma.

- Tiene que dar todo, prestar todo, ser buena con todos.

- Está siempre atenta a satisfacer a la madre, al marido, a los hijos, creyendo que así la van a querer más.

- Nunca está satisfecha por su apariencia por más que se esfuerce.

- No sabe qué le gusta, qué prefiere, qué opina o qué piensa a cerca de las cosas.

- Se autorreprocha e insulta por cada error, equivocación u olvido.

- Siente culpas irracionales. Se cree agresiva y pide perdón por todo.

- No acepta elogios, disimula sus virtudes y enumera sus defectos.

- No expresa su enfado, ni se atreve a contradecir a nadie.

- No puede pensar en sentarse o distraerse, pues se siente culpable o en falta respecto de sus obligaciones.

- Vive temerosa de mostrarse sucia, de tener mal olor, de estar arrugada, de que su ropa la deje en ridículo o de hacerse notar por algo.

Cuando una persona se siente capaz y valiosa porque ha sido aceptada desde que nació, puede reconocer su derecho al respeto y a la defensa de sus necesidades. Se siente dispuesta y capaz de afrontar los problemas. Se permite equivocarse, aprender, rectificar y seguir adelante sin sentir desconfianza de sí misma. Cuando le va bien disfruta y se siente contenta consigo misma, pues tiene conciencia de que posee méritos legítimos.

Podemos decir que una persona así tiene una buena autoestima. Confianza y respeto por la propia persona son la base de la autovaloración positiva. Está centrada en un sentimiento que expresa la valoración y el conocimiento de la capacidad y de las cualidades personales reales, incluyendo una evaluación no exagerada de sus limitaciones o defectos humanos.

Cuando nuestra individualidad, con sus rasgos, sus proyectos y sus ideas, deja de ser el eje de nuestra vida para que otra persona ocupe totalmente ese lugar, se produce un desequilibrio y un vacío interior, la anulación de la personalidad y la gestación de una enorme dependencia. Todo lo que dice, hace o piensa el otro pasa a ser vital para nuestra seguridad. La extrema necesidad de aprobación y la esclavización espiritual y hasta física ("no salgo por si llama justo en ese rato") llevan a un estado de inquietud permanente. Todo se vuelve amenazante para ese amor dependiente (¿y si él se cansa, se aburre, compara, descubre …?).

En este sentido, el hombre violento también es dependiente de su esposa. Su baja autoestima le lleva a controlar todo lo que ella hace, pues se siente inseguro de que lo quiera y lo acepte por él mismo. De ahí que utilice todas las técnicas de abuso emocional para socavar la autoconfianza de la mujer, haciéndole creer que no puede arreglárselas sola y que es una inútil.

Las mujeres involucradas en estas situaciones, impulsadas por su desvalorización, no perciben la humillación que implica el esfuerzo de intentar arrancar amor, interés o cuidados auténticos a quien no puede o no quiere darlos o sentirlos. Por eso, esas mujeres en vez de protegerse, perseveran: "si supiera qué le está pasando; si lo pudiera ayudar más; si me esforzara por ser mejor y darle todos los gustos".

Si tomamos entonces las circunstancias familiares, les agregamos el estereotipo femenino de la tolerancia, la pasividad y la sumisión, complementario del masculino de la actividad, la independencia y el dominio, y juntamos todo con la imagen cultural del amor romántico, estaremos en condiciones de comprender mejor cómo se llega a ser una mujer maltratada y por qué es tan grande el número de ellas en todas las sociedades que sustentan tales pautas. La mujer maltratada no es una enferma o una persona masoquista, sino un ser humano que, al fin y al cabo, no ha pretendido más que ajustarse estrictamente a lo que la sociedad y la institución familiar le han inculcado y han exigido de ella.

Por todo ello, aceptemos nuestra responsabilidad como miembros de una sociedad intolerante, impulsemos la co-educación, rebelémonos ante las leyes y la permisividad social, colaboremos activa y diariamente en un cambio social, y evitemos el victimismo y el ataque continuado que recibe una víctima por la sociedad.

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Respuestas

Por silvana el Martes, 14 de Abril de 2009 a las 21:15 pm vida, ese pseudónimo es el que debes tener presente, debes pensar en tí mujer, en la vida que estas soportando que no es la que mereces ni la tienes por qué soportar. muchas veces es de sabios huír, pero esa huída es la demostración de amor más grande que puedes hacer por tí y por tu hija, no es una huída, es mucho valor, porque después de ella hay que tener mucho valor para salir adelante solita. No soportes una humillación más de ese hombre y no pienses en que le haces un mal a tu hija lléndote, cuando sea una mujer sabra agradecerlo, no permitas que ella también sea mañana un mujer golpeada o victima de maltratos porque aprendió de tí la toleracia a la violencia porque entonces sí no habrá marcha atrás ni posibilidad de huír. no importa si los demás piensan que eres la mejor o la peor, mira dentro tuyo, habla contigo misma, no importa afuera, importas tú. es más sano darle a tu hija una madre que la ame y respete que una madre que la condene a vivir en un ambiente de violencia. no olvides que la violencia es un círculo vicioso que se aprende y reproduce. si el resultado de huír es recuperar tu vida y tu dignidad entonces !HUYE! !ESTÁS A TIEMPO!.
te envío mi luz y mi comprensión.
silvana
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Por ilusión el Viernes, 15 de Febrero de 2008 a las 20:46 pm Mira no eres culpable por estar mal ni responsable por lo que te pasa a ti y a tantas mujeres, como no sentir que huyes,pero por que no salir huyendo de un maltratador, para salir tu adelante para enseñarle a tu hija una forma diferente de convivencia para que ella no repita los mismos esquemas no crees que vale la pena por ti por vivir en paz por tener una vida mejor que te la mereces es mejor salir huyendo y cuanto antes mejor, todo lo demas de sus amigos y es lo de menos hara nuevos amigos y seguro que sera muy feliz, animos
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Por vka el Miércoles, 15 de Agosto de 2007 a las 23:17 pm ya accionen mujeres maltratadas Dios esta tomado de la mano a las mujeres que se valoran a si mismas que no se dejan pisotear.
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Por Compañera de lucha el Martes, 4 de Septiembre de 2007 a las 15:19 pm A Rocío Toledo: ¡el artículo me pareció claro, asertivo, y valioso! Considero que puede ser de mucha utilidad para las mujeres que viven o vivieron violencia y para las que no (trabajen o no en atención, prevención u otra línea de acción enfocada al fenómeno de la violencia)
Al equipo de “El Color Púrpura”. ¡Felicitaciones por contribuir con su valioso esfuerzo a la construcción de una sociedad sin discriminación, justa, equitativa, y donde se nos reconozca (a las mujeres) nuestra dignidad y derechos (sin restricción alguna).
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Por Vida el Miércoles, 19 de Septiembre de 2007 a las 08:23 am Me queda claro que soy una mujer maltratada y humillada, no físicamente pero sí emocionalmente, tengo más de 40 anos y los últimos dos he estado sufriendo deterioro emocional,nunca había permitido tanta humillación, vengo de una familia con violencia física de mi padre hacia mi madre, y siempre me dije, antes sóla que permitir algo similar, y así lo hice, al minimo detalle de alerta y confirmación del mismo, salía corriendo de la relación que para mi era peligrosa, fuí muy exitosa en mi trabajo, saque adelante a mi hija, tenía mi casa, y era el ejemplo de mi familia, ahora me encuentro lejos de mi familia, en una cultura que no conozco, en un idioma al que no me puedo adaptar, claro sin trabajo y casada con un tipo que prefiere pasarla con prostitutas que conmigo,sí paga por sexo,simplemente cuando se le pega en gana no llega a casa y cuando regresa dice que nos ama, que ama a su familia, aceptó una terapia de pareja pero la dejó, luego buscó una terapia personal, sólo hace dos semanas, pero continua con sus incongruencias, porque estoy aquí varada? como puedo salir de esto sin sentir que salgo huyendo (como siempre lo he hecho) sin afrontarme a la realidad? , y también tengo temo de inculcar a mi hija mi comportamiento irracional, aquí he iniciado una terapia, siento que si dejo todo en este momento y me regreso a mi país, sería una nueva manera de huir de todo y además si pienso en ella, tiene amigas aquí, habla el idioma sin ningún problema, ve a mi esposo como su padre, sería arrancarla de un medio al cual yo misma la traje, pero en estos momentos mi impulso es tomar á mi hija y el primer avión que me regrese a mi hogar, mis amigos, a mi rutina y a la paz de una soledad sin pareja, sin dolor, aunque sé que el dolor lo llevo dentro..........
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