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Contradicciones de género y lucha política
Por Josefina Rincón
Publicado en "Política y teoría" Nº 44 de agosto de 2000.-
"Una experiencia en el tratamiento de las contradicciones de género al calor de la lucha política"
El gran auge de masas que se ha desarrollado en la Argentina en los últimos años tiene como una de sus características la gran participación de mujeres en todas las luchas. Así ha sido en todas las puebladas, cortes de ruta, marchas; en estatales, docentes, trabajadores de la salud, en las luchas obreras donde las esposas están jugando un importantísimo papel, en la ciudad y en el campo Y las mujeres son gran mayoría en los movimientos de desocupados y jubilados.
Voy a partir aquí de una experiencia, que es el trabajo femenino desarrollado en el Barrio Elena de La Matanza, que tiene muchos años y variados aspectos. Pero tomaré centralmente la práctica que hemos hecho en relación al tema de violencia que sufren las mujeres en sus hogares.
Durante el gobierno menemista creció en la Argentina un gigantesco auge de masas, contra el hambre y la desocupación, que tuvo y tiene en La Matanza una de sus mayores expresiones. Desde sus inicios, al igual que en otros lugares, una amplísima mayoría de mujeres participa en la lucha. Han participado de innumerables cortes de ruta, asambleas, movilizaciones, ocupaciones de edificios, y han sido parte de un proceso organizativo de masas muy avanzado, logrando grandes triunfos y cientos de puestos de trabajo. Las mujeres, acostumbradas a hacerse cargo de los hijos y la casa, son las que habitualmente van a la sala a buscar la leche y llevan los chicos cuando están enfermos. Ante la gravísima situación, salieron con fuerza a la lucha, lo que les ha permitido dar gigantescos pasos en su desarrollo. Este avance en su participación política, trajo aparejado un agravamiento de la contradicción que como mujeres sufren en la familia y en la sociedad. Salían, de hecho, durante varias horas del día del control del marido, que, algunos también desocupados, todavía no habían dado el paso de salir a la lucha, generando así una movilización profunda en la estructura familiar.
Un tipo de familia que, inmersa en esta sociedad en crisis, pone al descubierto su estructura de opresión y desigualdad, manifestando así su propia crisis.
Esto se expresaba en: "Dejás los chicos solos, ¿qué clase de madre sos?", "¿Y ahora quién prepara la comida?", y "¿Qué macho tendrás por ahí que te vas todos los días?", "Andá, pero a tal hora estás acá que tomamos mate", "Sos una puta que te vas por ahí con cualquiera", etc., etc. Y salió a la luz algo que estaba oculto: el crecimiento de la violencia doméstica. A la vuelta de cualquier movilización o asamblea la mujer estaba expuesta a los golpes.
Siempre apareció, para nosotros, como una preocupación en el barrio el tema de la cantidad de mujeres que eran golpeadas por sus maridos. No teníamos claro cómo abordarlo. Podría decirse que empezamos a tomarlo con seriedad en los momentos de inicio del movimiento de desocupados. Momento en que la política del menemismo había dejado a la mayoría de las familias al borde de la desesperación por el hambre. Se habían propuesto ya algunos proyectos de trabajo, eran muchas las mujeres que participaban en la lucha y estaban anotadas en las listas.
En esos días, y pensando en esa cantidad de mujeres que sabíamos que eran golpeadas, se ocupa la ya conocida "Escuela Amarilla", y nace ahí mismo el movimiento de Amas de Casa del País en La Matanza. La idea inicial era usar ese edificio como refugio para la mujer golpeada. Se inaugura así como Casa
de la Mujer. Hoy es escenario además de las actividades del Movimiento de Desocupados.
Algunos casos
Era un momento en el que todas las noches había que pasar por una casa determinada para enterarse si al otro día había que ir a anotarse para el trabajo, a qué hora y dónde. Nos llamó la atención Susana. Era muy delgada, no levantaba la cabeza del piso, casi no hablaba, estaba prácticamente descalza, hacía frío. Así todas las noches. Alguien dijo: "Tiene 7 hijos, pero el marido la castiga mucho, siempre está borracho con amigos, le pega con una manguera, seguro se escapa para venir a firmar". Difícil pensar con indiferencia ante esto.
Ahí estaba Susana, empezaba a ser parte de la lucha por trabajo, teníamos la Escuela. Algo había que hacer. Intentamos varias veces hablar con ella.
Hasta que un día vino a la Escuela a conversar, con su hijito más chico.
Dijo que había inventado una excusa para salir. Fue una conversación difícil. Nosotras no teníamos experiencia. Nos contó. El marido le pegaba mucho. Le decía que ella no servía para nada. Cuando pedía ayuda al lado donde vivía su madre, su propio padre era igual que su marido, no encontraba apoyo. Nos contó que él la amenazaba con sacarle los hijos, todos, o "la mitad" (sic). Susana nos dijo que ella quería irse pero no podía porque perderia todo, los hijos, la casa. Al tiempo entró a trabajar en una cuadrilla.
Allí vimos la necesidad de tener un día semanal de reunión para tratar estos temas y que vinieran las que quisieran. A conversar. Empezamos a reunirnos los viernes a la tarde. Susana venía siempre a las asambleas del Movimiento de Desocupados. Participó bastante de las reuniones de los viernes. Empezó a sonreír, caminaba derecha. El marido no quería que trabajara. En la cuadrilla había muchos hombres. Hace unos meses fue internada por desnutrición en el Hospital Paroissien.
*
Conocimos a Haydee. Sus vecinas buscaron a la compañera del Partido que toma el trabajo femenino en el barrio (ya se empezaba a saber que había un grupo de mujeres de ACP tratando el tema). El marido de Haydee la había golpeado mucho, la había dejado sin nada, le había vendido la garrafa, ella quería
irse. Tiene varios hijos. Van varias a buscarla, la llevan a la Escuela, con los chicos. Hablamos con ella, participa de una reunión con vecinas y las abogadas. Dice que le tiene mucho miedo a su esposo, que habitualmente él se droga y es incontrolable, que la va a matar, y su principal preocupación: que le va a vender la casa, que es lo único que tiene. Le proponemos ir a hablar con él; está de acuerdo. Vamos. Somos varias. No está en la casa. Los vecinos no quieren hablar mucho. También le tienen miedo. Dicen que sus amistades son "pesadas". Que anda con los que venden la droga en el barrio. Que anduvo con gente mostrando la casa. Haydee entra, cambia el candado. La casa es de cartón, no tiene piso. Está todo en el barro. Había llovido. Se lleva lo poco valioso que ella considera que él le puede vender. Vamos a ver a alguna vecina conocida para pedirle que se quede con ella. Haydee no quiere irse por el miedo a la venta de la casa. Esto es en el barrio de al lado donde no tienen papeles. Es una ocupación, si él vende y entra otra gente, ella pierde todo. Tampoco se anima a quedarse sola. No encontramos quién se quede con ella. Los otros maridos no están de acuerdo.
Finalmente Haydee acepta refugiarse en la Escuela con sus hijos. Allí se decide con las demás vecinas que al otro día irían temprano con ella y le pintarían toda la casa: "Esta casa está bajo juez. No puede venderse". Esto se dio en llamar después "el escrache que las mujeres le hicieron al marido de Haydee". Nos enteramos después que los vecinos le comentaron a él cuando fue, que había estado Haydee con una jueza y una asistente social y otras vecinas y que él no podía vender.
A los pocos días Haydee decidió volver a la casa, con miedo, pero volvió. Ya había participado de asambleas, incluida la toma del Cabildo y algún corte de ruta. Ella nos cuenta después que él volvió, le pidió quedarse. Ella le dijo que sí, pero que durmiera en el piso. En esos días consiguió una changuita (era desocupado, cartonero, analfabeto). El participó en algunas
asambleas. Haydee entró a trabajar en un ropero de Servicios Comunitarios.
Se había vuelto a comprar la garrafa. Un día llegamos a ese ropero y había todo un revuelo. El marido le había vuelto a pegar a Haydee, le tiró con la plancha por la espalda. Ella tenía miedo de que las mujeres la criticaran y no la ayudasen porque había vuelto con él. Se dio allí un debate: todas, absolutamente todas las presentes habían sido golpeadas alguna vez o lo eran actualmente. Eran diez.
Se resolvió ayudarla otra vez. Decidieron hacer la denuncia policial, juntaron la plata para que vaya ella y otra a la comisaría. Las compañeras del partido perdimos nuestra propuesta de no ir por amplia mayoría. Las mujeres del ropero fueron después en un carro y sacaron todo de la casa (ella había logrado comprarse algunas cositas con su sueldito) y la llevaron a la Escuela, otra vez con los chicos. Haydee estuvo unos días en la Escuela. Y se dio otra discusión porque se decía que el marido andaba armado buscándola. Una parte del movimiento decía que ponía en riesgo al conjunto si ese tipo entraba ahí armado. Otra, que si éramos capaces de enfrentar cualquier cosa en la ruta, la policía, etc., por qué no podíamos cuidar a una compañera a quien la amenazaban así. A los pocos días fue el marido con un pariente. Se comprometieron a que no la iba a golpear, le dijo que volviera a la casa, que él se iba a ir y los parientes eran garantes de eso.
Haydee volvió. Es hoy una activa militante del Movimiento de Desocupados. Se afilió al Partido e integra con orgullo una de las células femeninas del barrio. Fue la primera que entró al Ministerio de Trabajo el 24 de febrero cuando se rompió el vidrio de la puerta. Lo contó, también con orgullo, en la asamblea posterior.
*
En este desarrollo confluimos con el trabajo que un "equipo de orientación psicológico y social" desarrolla en la sala de salud del barrrio. Las compañeras del equipo recibían muchos casos de mujeres golpeadas, aisladas, deprimidas. Las mandaban a los grupos de los viernes; nosotras les enviábamos nuestros casos más difíciles. El eje de ambos (el equipo de la sala y el grupo de los viernes) fue siempre encontrar las mejores condiciones para que se desarrollasen en la lucha. Así conocimos a Raquel.
Había recurrido a la sala por la situación de violencia a la que la sometía su marido. Las chicas la mandan a las reuniones de los viernes. Viene. Él la golpea "sin ningún motivo". Ella ya había hecho la denuncia y los había citado el juez a ambos. El dice que la golpea porque ella sale (vendía cosméticos). Ahí, ante el juez, llegan a un acuerdo: él deja de golpearla, ella deja de vender cosméticos. Ella deja de vender cosméticos, pero él la sigue golpeando. Raquel está de acuerdo en que vayamos a hablar con él. Va un grupo de vecinas de ACP y las chicas de la sala. El no quiere hablar hasta que una se acerca y él le cuenta cosas terribles de su vida. Esta compañera dice: "Ahí me dí cuenta que era humano". Ahí empezamos a ver la necesidad de tener un espacio, en la sala, para hombres golpeadores. Raquel empieza a participar en la lucha. Así logra un puesto en los planes. Era una de las que integraba el cordón de mujeres que encabezó la columna de la CCC el 24 de febrero a Plaza de Mayo.
Algunas conclusiones.
La primera discusión es siempre sobre la denuncia a la comisaría. Por un lado, nunca ha servido para nada (conclusión de las propias mujeres) ya que "te tratan muy mal, te averguenzan, te terminan preguntando: ¿vos qué hiciste?, a veces vienen a buscarlo, se lo llevan y al otro día vuelve peor. Nos pega más". Discutimos, ante el planteo de una mujer a quien el marido la amenaza siempre con un arma y lo quería denunciar por tenencia de arma, que no había que hacerlo, que eso podía ser usado contra la organización del barrio.
Bien, pero si no lo puede denunciar, ¿qué hace? Aparecen las posibles soluciones: si ella se quiere separar y él no se quiere ir (es lo más comun), hay una ley de "exclusión del hogar del golpeador" (triunfo del movimiento de mujeres) que legisla la exclusión del golpeador si corre peligro la vida de la mujer. Esto requiere que la mujer vaya casi muerta al juzgado, que constate el fiscal que corre peligro su vida, etc. Es muy engorroso, lento, hay que hacer un montón de colas, hay que tener para el boleto para ir varias veces, etc. Difícil. Nosotras definimos una primera cuestión: este problema es una contradicción entre nosotros. Por lo tanto el tratamiento de la contradicción es diferente a cuando se trata del enemigo.
Primera conclusión: nosotros no entregamos ninguno de los nuestros al enemigo. No hacemos la denuncia a la comisaría.
Segundo: aprendiendo de todo lo que se había hecho en el barrio hasta ahora, había que tomar el tema de la violencia doméstica en nuestras manos, las de las mujeres, y el movimiento. Las compañeras de ACP plantean en la asamblea la necesidad de reunirnos las mujeres para poder discutir y resolver juntas los problemas que tenemos y que nos dificultan la incorporación a la lucha. Se propagandiza el grupo de los viernes.
En las reuniones de los viernes aparece inmediatamente el aspecto legal de estos conflictos. Incorporamos a dos abogadas amigas, solidarias, que acordaron en trabajar en el barrio. No eran expertas en el tema, pero estaban dispuestas a ayudar. En primer lugar la dirección del Partido va siguiendo el proceso. Desde la dirección del Movimiento de Desocupados se toma el tema en reiteradas ocasiones y se trata desde la mesa de la Asamblea. Esto ayuda a que las mujeres hablen y se reconozcan en lo que desde la mesa se manifiesta. Les da fuerza.
Vemos que una de las características de las mujeres muy golpeadas es el aislamiento. Casi no se sienten personas. No tienen amigas. Se sienten culpables de lo que les sucede. Decidimos armar grupos para ir a sus casas de visita. Que el marido sepa que no está sola. La compañera viene a la asamblea el sábado, vuelve a su casa acompañada de otras mujeres. Que la acompañen hombres, ni hablar: sería catastrófico. Algunas que participan en los grupos de los viernes, de vuelta comentan en la casa: "Hay unas abogadas para lo que necesitemos". Eso sólo ya ha servido para aliviar algunas situaciones.
En esas reuniones de los viernes se discute cómo sacar el tema afuera. Esto en el medio de la lucha por los puestos, los cortes, la activa participación de las mujeres. Se decide hacer un cartel, que se vea, ahí, sin decir nada. "Ninguna mujer debe ser golpeada jamás. ACP". Ahí está, preside la asamblea del Movimiento desde hace un largo tiempo. Se difunde la "ley de exclusión del hogar del golpeador". Ampliada estuvo un largo tiempo en la cartelera de la Escuela.
Se discute que la primera cuestión a resolver, cuando hay golpiza, es parar los golpes. Se piensa en redes solidarias de vecinas que vayan a la casa y la saquen. Así se hizo con una vecina muy golpeada, con un grado de discapacidad y a quien el marido prostituía en su propia casa. Se la llevó a la Escuela, a los pocos días volvió con el marido.
Se incorpora a las reuniones de los viernes una psicóloga social, con experiencia en tribunales de familia.
Se han realizado talleres sobre los temas específicos, como por ejemplo:
"¿Qué derechos tenemos las mujeres?". Hay un gran desconocimiento sobre la tenencia de los hijos, la casa, la cuota alimentaria. Se hizo otro taller sobre Violencia: practicamente todas las que participaron habían sido
golpeadas alguna vez, o lo siguen siendo ahora. Se realizó también un Pre Encuentro antes de Bariloche, con dos temas: Trabajo y Violencia. Todas manifiestan la importancia de su participación en la lucha para comenzar a romper con las trabas familiares, para sentirse firmes ante las humillaciones. La importancia de compartir con otras las mismas dificultades y las mismas luchas. La importancia de empezar a perder el miedo en un corte de ruta, en una toma de edificio público.
Un registro todavía incipiente, es que aparecen más mujeres yendo a la sala a colocarse el DIU, despues de un tiempo de participación en el movimiento. Susana fue una de esas.
Desde hace unos meses participamos en reuniones periódicas, que con eje en la salud se organizan desde la sala, para orientar y discutir un trabajo conjunto, entendiendo a través de la experiencia realizada que el tema de la violencia familiar es parte de la salud, y su tratamiento, de la prevención
en salud.
En el marco de la lucha hoy por pan y trabajo, en el tratamiento del tema de la violencia proponemos:
1. No dejar de lado la batalla legal, por lograr la reglamentación e instrumentación eficaz de la "ley de exclusión del hogar del golpeador", que no implica causa penal, pero que lo intima a dejar el hogar.
2. Que el movimiento, en primer lugar las mujeres, pero también en su conjunto, tome en sus manos el tema. Se fortalezcan las mujeres en la lucha y en el debate. Se desarrollen redes solidarias en los barrios, que a través de silbatos o enviando mensajes puedan evitar en el momento los golpes. Se hable con el golpeador, una y otra vez, las que sean necesarias. Y en última instancia, se lo "apriete" si no entiende razones.
3. Que los movimientos o grupos de mujeres acompañen movilizadas, a las que están realizando trámites judiciales por exclusión del hogar.
4. Exigir que el gobierno subsidie refugios para mujeres golpeadas en los barrios, que puedan ser dirigidos por las propias mujeres.
Los debates.
Nos preguntamos, al calor de la lucha política, si el tratamiento de estas contradicciones de género que sufrimos las mujeres, producto del lugar subordinado que ocupamos en la sociedad y en la familia, divide o impide el tratamiento de la contradicción principal, que implica hoy en los movimientos de masa la lucha contra el hambre y por trabajo.
En ocasiones se piensa que plantear iniciativas que tomen esta contradicción de género "es correr el riesgo de anteponerla a la contradicción de clase que es la principal".
Hay una especie de alarma cuando se habla de un "escrache a un cartonero" (como el relatado más arriba), pero no se escucha muy a menudo que nos conmueva la situación de degradación a la que son sometidas miles de mujeres en sus hogares, agudizada ferozmente por el hambre y la desocupación.
A todos nos parece bien que, ante un "chorro" en un barrio, se le hable, y se le hable, y en última instancia se lo apriete porque es una necesidad del conjunto de los vecinos; ¿nos indigna de igual manera que un hombre (o una gran cantidad de hombres) en la mayoría de los barrios, golpee a su mujer cual si fuera su propiedad, en algunos casos hasta matarla?.
Hay una pregunta que tenemos que hacernos. ¿EL TRATAMIENTO DE LAS CONTRADICCIONES DE GÉNERO QUE SUFRIMOS LAS MUJERES, SUMA O RESTA EN LA LUCHA QUE TENEMOS PLANTEADA?
La experiencia, hasta ahora pequeña, indica que el tratamiento correcto de estas contradicciones, que son secundarias y subordinadas a la principal, no sólo ayudan, sino potencian la participación de las mujeres en la lucha. Así ha sido, hasta ahora, en el movimiento de desocupados de La Matanza.
Para nosotros, los comunistas, el tema no es que las mujeres solo participen en la lucha por sus necesidades inmediatas. Queremos que no sea sólo una élite de mujeres revolucionaras la que continúe en la lucha, porque pudo romper en parte con su vieja ideología y con las trabas familiares. Los comunistas trabajamos para que sean miles las mujeres que se incorporen a la lucha no solo reivindicativa, sino política, se puedan convertir en dirigentes de las masas, puedan ser militantes revolucionarias y sean parte activa del torrente que hará la revolución en la Argentina.
Las causas
Las mujeres sufrimos una doble opresión. Nos explotan como trabajadoras, situación que compartimos con nuestros compañeros de clase. Nos oprimen como mujeres en la familia, porque somos las "encargadas" de reproducir este tipo de familia, patriarcal, donde reproducimos, criamos, educamos, alimentamos a los obreros que los capitalistas explotan a diario. Este lugar que se nos asigna en la sociedad implica subordinación y discriminación, e impone relaciones de poder también en la familia.
Esta opresion tiene su origen en la aparición de la propiedad privada, en el surgimiento de la sociedad de clases, que dio lugar a lo que Engels llamó "la gran derrota del sexo femenino". La mujer fue expulsada de la producción, confinada a la casa, a ser propiedad exclusiva del hombre, a darle hijos que sólo fueran de él, que garantizaran heredarle.
Estas son las bases materiales de la tan mentada doble opresión sobre la cual se levanta el gigantesco edificio de ideas, costumbres, tradiciones, con el cual vivimos. Ideas que incluso las mujeres aceptamos como "natural". Esta situación de doble opresión de la mujer, basada en causas económicas, sólo se resolverá definitivamente cuando desaparezcan esas causas que le dieron origen. Y principalmente cuando desaparezca su atadura a la "esclavitud doméstica". Cuando podamos vivir en una familia verdaderamente democrática. Eso se dará plenamente mucho tiempo después de la revolución y en el camino de la construcción de una nueva sociedad, sin explotadores ni
explotados. Pero eso no implica que nos sentemos a esperar que suceda y condenemos a las mujeres a que lo resuelvan solas o que lo resuelvan solo algunas. Porque ante la realidad con la que nos encontramos a diario, si no tenemos línea específica para su tratamiento, de hecho (tomando el caso de la violencia) las mujeres van a hacer la denuncia a la comisaría, se recuestan en la iglesia que les indica resignación, o solamente se resignan.
En el medio de la lucha se empiezan a comprender las verdaderas causas de los sufrimientos. Las mujeres empiezan a vislumbrar que no están destinadas a ser pobres toda la vida, que en la sociedad hay un pequeño pero poderoso grupo de personas que son las responsables de que vivamos millones en la pobreza. Empiezan a comprender "la política del Gobierno", "que este
gobierno de De La Rua es otro gobierno pero con la misma política que Menem", "que existe el imperialismo y los terratenientes". Y lo principal de todo: que esto se puede cambiar.
Y nos planteamos, siguiendo en el camino de lo que aprendimos junto a muchas más en los Encuentros Nacionales de Mujeres: también es parte de nuestra lucha que miles de mujeres que participan en los movimientos populares, empiecen a comprender que el lugar subordinado que ocupan en la sociedad y en la familia, por el solo hecho de ser mujeres, no es "natural", sino que tiene causas sociales e históricas, que no fue siempre así, y que por lo tanto también se puede cambiar. Que la violencia que sufren a diario, psicológica o física, no es inherente al ser humano, es adquirida social e históricamente.
El descubrir las causas de esta opresión es un debate estratégico, para la revolución, no sólo para ahora. Que miles de mujeres que luchan en los movimientos que crecen por todos lados, cuestionen a su vez la existencia eterna de la "sacrosanta familia patriarcal" sobre la cual se asienta esta
sociedad capitalista, es la necesaria conjunción para que puedan desplegar toda su potencialidad.
Línea y organizaciones específicas.
Volviendo a la pregunta primera. La incorporación de las mujeres a la lucha implica para el proletariado y su partido tener en cuenta que la doble opresión que sufrimos requiere de una línea y una orientación específica.
Requiere que en cada lugar, movimiento, o sector en el que trabajamos, partiendo del momento político y a la par de la lucha general tengamos una línea y organizaciones específicas que creen mejores condiciones para que las mujeres luchen. Así sucede con el movimiento de Amas de Casa del País en los barrios, que en la lucha por pan y trabajo es un instrumento para que las mujeres debatan y traten sus problemas específicos.
Así también con las Secretarías de la Mujer en los gremios, que tienen que servirle a las mujeres para tener mejores condiciones para incorporarse a las direcciones y pelear por sus derechos y los del conjunto de los trabajadores.
Así sucede también con los Encuentros Nacionales de Mujeres, que son un gigantesco espacio de debate donde ubicando con claridad el momento político, pudimos hacer que cada año sean miles las mujeres que debatimos nuestra situación cotidiana. De esa manera ubicamos al enemigo principal en cada momento.
Volvemos a nuestros lugares con mejores condiciones y más
fuerzas para luchar. Porque a la par de ese debate político coyuntural, debaten sobre los problemas específicos que tenemos como mujeres, desde los más inmediatos como la salud, la anticoncepción, los hijos, la violencia, el aborto, hasta los más profundamente arraigados como nuestra sexualidad, nuestro cuerpo, el lugar subordinado que tenemos en la familia y en la
sociedad.
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