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Encuesta del Consejo Nacional de la Mujer
Por Pilar Ferreyra
Publicado en Diario "Clarín" de Argentina el 20/02/2007
Una de cada tres mujeres dice que padece violencia familiar.
Las agresiones registradas no son sólo físicas, sino también psicológicas, sexuales o económicas. Según los expertos el número es mayor: una persona maltratada puede tardar hasta diez años en admitirlo.
La mayoría de las víctimas de violencia familiar está conformada por mujeres que empiezan siendo humilladas por su pareja con gritos e insultos. Después las aísla de las amigas y de su familia. Hasta que un día el maltrato -lento e invisible- se materializa en una paliza. Que se repite en forma periódica o permanente hasta que ella lograr despertar de la pesadilla y pedir ayuda.
La fórmula parece calcada y es silenciosa, pero una encuesta reciente alumbró que una de cada tres entrevistadas de Capital Federal y del Gran Buenos Aires admite que es objeto de violencia en las relaciones familiares.
Esta cotidianidad infernal, que disgrega afectos, -"y que es cualquier cosa menos vida", según unánimes testimonios-, es aún más identificada socialmente entre los argentinos consultados, ya que el 60% de la población que vive en grandes ciudades del país dijo conocer a alguien que sufre de violencia familiar. Y no sólo es necesario que la agresión sea física. La psicológica daña y mucho.
Los datos se desprenden de la encuesta -a la que Clarín accedió en exclusiva- y que desarrollaron el Consejo Nacional de la Mujer (CNM) y organizaciones civiles que luchan contra la violencia doméstica. Fue realizada a fines de noviembre de 2006 entre 1.873 personas (90% mujeres) que transitaban por el microcentro porteño y el conurbano.
"La naturalización de la violencia permite que el agresor no se avergüence y que la víctima se sienta avergonzada y lo oculte. De modo que estos registros sobre la magnitud de la violencia familiar posiblemente sean inferiores a la realidad", advirtió Pimpi Colombo, presidenta del Consejo Nacional de la Mujer.
Otra de las razones que explican el posible subregistro es que las víctimas demoran un promedio de entre seis y diez años desde que empiezan a ser maltratadas hasta que buscan ayuda (Ver "Dónde..."). Porque tienen miedo, porque el agresor las amenaza con quitarles a los hijos y porque de algún modo "desconocen que el horror que están viviendo responde a las creencias profundas del sistema de dominación patriarcal", según afirman las especialistas consultadas. Un sistema que ubica a la mujer en un lugar de subordinación.
Para la directora nacional de asistencia técnica del CNM, Susana Sanz, las víctimas soportan la violencia familiar por largos períodos -antes de pedir ayuda- porque "muchas veces creen que la culpa es de ellas. La violencia psicológica y física se naturaliza de tal modo que les lleva tiempo aceptar
lo que pasa en su casa".
Otros factores que demoran que la mujer pueda pedir ayuda es "la falta de conocimiento de sus derechos, la falta de políticas sociales de apoyo a una mujer con hijos que quiere dejar a su agresor (refugios y apoyo económico) y las vulnerabilidades particulares de cada situación -por ejemplo, un embarazo-, así como el gran terror a morir", como puntualiza la doctora en políticas sociales y abogada Claudia Hasanbegovic, especialista en violencia doméstica.
Pese a las resistencias, las víctimas que se animaron a responder el cuestionario de la CNM aprovecharon la oportunidad para hablar de su propia experiencia como mujeres golpeadas y también para asesorarse. Las adultas mayores manifestaron haber sido víctimas de violencia en su familia de origen a manos de un padre autoritario. Algunas de las más jóvenes admitieron ser víctimas de violencia familiar como lo fueron sus madres.
Otros indicadores sobre la situación de la violencia familiar surgen del Segundo Informe de Evaluación de Resultados de la CNM" que reúne datos de más de 50 organizaciones civiles especializadas en violencia familiar entre 2000 a 2005.
Señala ese informe que entre el 80% y el 90% de los agresores son cónyuges, concubinos o ex parejas de las víctimas. Y que la mitad de éstas también fueron violentadas en su familia de origen, al igual que el 50% de los agresores.
No obstante, Hasanbegovic advierte que si bien el hecho de haber sufrido violencia familiar en la infancia es un factor de riesgo, no puede ser considerado un factor determinante. Y al mismo tiempo, todos los consultados coinciden en que no importan las causas que conducen a una persona a transformarse en violenta. Nada justifica el modo en que proceden. Conforme al Código Penal, las amenazas, las lesiones y la violencia física son un delito en nuestro país.
Pilar Ferreyra
pferreyra@clarin.com
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