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Experiencias

Acoso

Por Casiopea
Hola a todas.

Me parece muy buena la iniciativa de compartir nuestras historias a través de esta web, creo que puede ayudarnos mucho a aprender y a comprender tantas cosas que necesitamos para salir adelante en el día a día.

Mi anécdota no duró seis años como la de Serena, sino tan sólo unos días, pero para mí fue un infierno.

Soy camarera de un restaurante. Era un día soleado y yo servía las mesas de la terraza. En la plaza había varios restaurantes, y las terrazas de todos colindaban unas con otras. Justo al lado de la que yo servía había otra, y en la mesa más cercana de ella se hallaban dos hombres sentados. Cuando yo salí, uno de ellos empezó a provocarme:

- ¡Deja de trabajar, vente con nosotros! ¡Hay que ver cómo estás!

Le pedí que me dejara trabajar tranquila y seguí a lo mío. Pero el tipo no estaba dispuesto a darse por vencido tan fácilmente y, como no respondí a su invitación, sacó sus conclusiones:

- ¡Vaya, ahora resulta que nos ha salido lesbiana!

El comentario me sentó como un tiro, pero no caí en el error de justificarme diciendo que estoy felizmente casada (que lo estoy) ni nada por el estilo. Procuré no dejar entrever mi malestar e hice como que no lo oía. Seguí trajando como si nada. Ese día no hubo más incidentes.

Pero, cuatro días después, volvieron y se sentaron a la misma mesa del restaurante de al lado. El que me había provocado la otra vez no tardó en empezar de nuevo sus desagradables comentarios:

-¡Qué culo más gordo tienes, qué redondo! Viniste hecha un adefesio y hay que ver cómo te has puesto.

Me empecé a poner muy nerviosa, pero de nuevo fingí que no pasaba nada. Entonces, el hombre que hasta ahora no me había dado problemas se sentó en una de las mesas del restaurante que yo atiendo. Le pregunté con toda la cortesía que pude si deseaba consumir algo, a lo que contestó:

- No, estoy consumiendo en el restaurante de al lado.

Le pedí por favor que abandonara la mesa, que era para los clientes del restaurante para el que yo trabajaba. No me hizo el menor caso, continuó sentado como si no me hubiese oído. Así que insistí, y finalmente el hombre se levantó, riéndose de mí, y se acercó de nuevo a su amigo, quien de pronto empezó a vociferar:

- ¡Qué haces! ¿Para qué te levantas? ¿Le vas a hacer caso a esa? Pero, ¿tú sabes quién es ese hombre, sabes a quién acabas de echar? ¡Este hombre es más importante que el alcalde y te va a arruinar! ¡Va a ir a por ti y a por tus jefes! ¡Es inspector de hacienda y te va a arruinar!

No sabía si decía la verdad o no, pero mentiría si dijera que no tuve miedo. No obstante, también sentí rebeldía y le desafié:

- Yo lo tengo todo en regla, puede hacer lo que quiera.

- ¡Ya verás! ¡Arrastrada vas a venir pidiendo dinero!

Yo intenté seguir con mi trabajo, aunque me sentía muy mal. Tuve que aguantar que durante la próxima media hora, hasta que concluía mi jornada, él continuara provocándome, molestándome, haciéndome sentir avergonzada.

- ¡Esta lo que es, es una hija de puta que viene de fuera para jodernos! ¡Ya lo decía yo, es lesbiana, mírala cómo anda!

Durante los próximos días no apareció por allí, cosa que para mí fue un gran alivio. Pero la suerte no podía durar, y finalmente volvió a aparecer.

- ¡Hombre, ya está aquí otra vez la lesbiana! - dijo a voces y riéndose nada más que me vio.

Me puse tan nerviosa que me metí en el restaurante y no quise salir. La situación ya me superaba y tenía muchas ganas de llorar. Llegaron nuevos clientes a la terraza y mi obligación era salir a atenderles. Me costó, pero saqué fuerzas de flaqueza y lo hice, recibiendo como recompensa el siguiente comentario:

- Mírala, qué cara tiene de lesbiana. Tiene andares de lesbiana, pelo de lesbiana...

No aguanté más y me eché a llorar mientras me dirigía hacia el interior del local para llamar a la policía. Vinieron dos policías, que tomaron los datos del hombre y mi testimonio. Sin embargo, lejos de sentirse amedrentado, cuando los policías se marcharon el hombre se envalentonó más todavía, y me señaló con el dedo diciendo en voz alta, casi a gritos:

- ¡Esa mierda me va a denunciar a mí! ¡No puede conmigo!

No pude más. Se me volvieron a saltar las lágrimas y le dije a mi jefe que dejaba el trabajo, que no podía más, que no podía soportar esa situación. Él se esforzó por tranquilizarme y acabó convenciéndome para que me quedara, pero me daba mucho miedo.

La denuncia continuó adelante y fuimos a declarar al juzgado. Él insistía en que "a las mujeres hay que decirles piropos", como si él no hubiera hecho otra cosa que cumplir con su deber de macho. Pero a esas alturas el tipo ya no era tan bravucón. Se corrió la voz y su familia se enteró de lo sucedido, lo que le provocó un serio problema con su mujer y con su hija, que tenía mi edad.

Finalmente, al cabo de un tiempo, vino a pedirme perdón. Pero eso no borra el hecho de que me hizo pasar un infierno que, por fortuna, no se alargó mucho en el tiempo, pero que no le deseo a nadie. Lo que está claro es que el motivo de este acoso fue el hecho, el simple hecho, de ser mujer. Y escribo aquí esta anécdota para dejar bien claro que las mujeres también tenemos derecho a la dignidad de ser personas y de ser tratadas como tales. Y hemos de luchar juntas para conseguirlo.

Besos y ánimos a todas las que estáis sufriendo. No olvidéis que todas merecemos ser felices, y debemos hacer todo lo posible por serlo.

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Respuestas

Por Noa el Domingo, 2 de Julio de 2006 a las 03:33 am Ahí está, con un par. Denuncia al canto. ¡Si es que es increíble! ¡Que hay que decir piropos a las mujeres, dice!¡¡Arrghh!! ¡¡Qué impotencia!! Un par de buenos piropos me dan ganas de soltarle a él, también.

¡Qué valiente fuiste, Casiopea! Me inclino a tus pies. Daría lo que fuera por ver al tipo ese pedirte perdón. Bien te lo merecías, después de lo que pasaste. Te admiro profundamente, eres un modelo a seguir. ¡Ánimo y suerte! ¡Espero que no te vuelvas a tropezar con gentuza de ese calibre!

Besos.
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Por Rómulo el Miércoles, 5 de Julio de 2006 a las 12:44 pm La verdad, tengo un concepto bastante distinto de lo que es un piropo. Desde luego, menudo elemento, un bravucón de medio pelo que se aprovecha de la debilidad de los demás... Estoy seguro de que es así no sólo con las mujeres, sino con cualquiera a quien considere "inferior".

Muy bien por ti por enfrentarte a él a pesar del miedo, eso es demostrar valentía y no lo de este energúmeno. Lo que me parece increíble es que esos tipejos no se den cuenta de que su época ya pasó y que el Cromagnon ha evolucionado un poquito desde entonces.
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Por minitapreciosa el Domingo, 14 de Febrero de 2010 a las 06:22 am Valiente, muy valiente, sentaste un presedente.
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